La llegada de ingresos sustanciales por el petróleo se ve a menudo como una oportunidad histórica para Surinam. Sin embargo, según el parlamentario del NPS Jeffrey Lau, esa oportunidad solo tendrá valor si el país dispone, antes de 2028, de mecanismos de protección financiera sólidos, reglas presupuestarias claras y una supervisión eficaz.
Durante la segunda ronda parlamentaria sobre la Ley de Contabilidad de 2024, Lau afirmó que el debate no debe estancarse en la cuestión de si la ley es plenamente ejecutable en todos sus apartados de forma inmediata. Según él, la verdadera pregunta es qué elementos deben estar operativos a más tardar el 1 de enero de 2028 para garantizar una gestión prudente de los futuros ingresos petroleros.
Con ello, Lau pone el énfasis en una cuestión administrativa más amplia: Surinam no solo debe estar preparado para recibir ingresos del petróleo, sino sobre todo para gestionar dichos ingresos de manera responsable.
No el petróleo, sino la gestión será determinante
La advertencia de Lau toca un punto central en el debate sobre la futura riqueza petrolera. Los ingresos del petróleo pueden fortalecer las finanzas estatales, permitir inversiones y apoyar la economía. Al mismo tiempo, si la gestión es débil, pueden dar lugar a un mayor gasto, presión política, despilfarro y una mayor dependencia de unos ingresos que pueden fluctuar considerablemente.
Por ello, Lau sostiene que la Ley de Contabilidad de 2024 y el Fondo de Ahorro y Estabilización deben estar en funcionamiento antes del primer año del petróleo. Según él, no todo tiene que ser perfecto antes de 2028, pero el núcleo del sistema sí debe funcionar. En este sentido, menciona, entre otros, las reglas presupuestarias, los anclajes de deuda, los techos de gasto, el Marco Fiscal a Medio Plazo, la Cuenta Única del Tesoro, el registro de obligaciones, la gestión del flujo de caja, las estructuras de auditoría y supervisión, y la gobernanza del Fondo de Ahorro y Estabilización.
Estos elementos deben evitar que los futuros ingresos petroleros desaparezcan en los gastos ordinarios del gobierno sin el control suficiente. También deben ayudar a que el presupuesto sea más previsible y a obligar al gobierno a mantenerse dentro de unos límites financieros claros.
Surinam sabe lo que debe hacerse
Un punto importante en el argumento de Lau es que, según él, Surinam no tiene que empezar de cero. La Ley de Contabilidad de 2024 no es una ruptura total con el sistema existente, sino una modernización de la ley de 2019. Elementos existentes como el sistema de contabilidad de ejercicio y el Sistema Integrado de Información de Gestión Financiera (IFMIS) ya están presentes y coordinados entre sí. La nueva ley profundiza principalmente en una mejor rendición de cuentas, un control más sólido y la vinculación con el Fondo de Ahorro y Estabilización.
Según Lau, muchos de los pasos necesarios son realistas y ejecutables, ya que requieren principalmente toma de decisiones administrativas, coordinación central, regulación y disciplina institucional. En otras palabras: el problema no es solo técnico. Se trata, sobre todo, de si el gobierno otorga prioridad a la ejecución a tiempo.
Esto hace que los próximos años sean políticamente sensibles. Los sistemas que deben implantarse ahora también limitan el margen de maniobra de los futuros gobiernos para gastar los ingresos del petróleo sin condiciones estrictas.
La voluntad política como mayor riesgo
Lau señala que el mayor desafío no es la legislación ni los estándares internacionales, sino la dirección de la implementación, la priorización administrativa, la capacidad de ejecución y la voluntad política. Según él, Surinam ya cuenta con apoyo técnico, asesoramiento internacional, procesos preparatorios de Gestión de las Finanzas Públicas y un marco legal moderno. Por tanto, la cuestión ya no es si Surinam sabe lo que debe hacerse, sino si el país está dispuesto a ejecutarlo a tiempo.
Precisamente ahí reside el núcleo de la prueba administrativa. Se puede aprobar legislación, se pueden escribir informes y los socios internacionales pueden ofrecer apoyo técnico, pero sin una ejecución consecuente, las reformas se quedan en papel mojado.
Para Surinam, ese riesgo no es teórico. En la práctica, las reformas suelen retrasarse debido a cambios políticos, capacidad limitada dentro de los ministerios, falta de coordinación e insuficiente control sobre la ejecución. Por ello, Lau advierte que una implementación gradual no debe convertirse en un aplazamiento.
Tres años para poner orden
Lau esboza una ruta por fases hacia 2028. En 2026, según él, debe tener lugar la preparación normativa e institucional. Para entonces, se deben establecer las primeras reglas presupuestarias, desarrollar una versión básica del marco plurianual, introducir anclajes de deuda y techos de gasto, e iniciar la implementación de la Cuenta Única del Tesoro.
En 2027, el énfasis debe pasar a la implementación operativa. Es entonces cuando los sistemas, procesos y supervisión deben empezar a funcionar realmente. Se trata, entre otros, de una Cuenta Única del Tesoro operativa, un registro de obligaciones en funcionamiento, la integración básica del IFMIS, una gestión eficaz del flujo de caja, sistemas de registro para regalías y petróleo de beneficio, y marcos de auditoría y cumplimiento.
A más tardar el 1 de enero de 2028, según Lau, debe haber concluido la tercera fase. Para entonces, la Ley de Contabilidad de 2024 y el Fondo de Ahorro y Estabilización deben estar operativos, la gobernanza debe funcionar activamente y los ingresos del petróleo deben estar plenamente integrados en la disciplina presupuestaria del Estado.
La supervisión debe evitar el aplazamiento
Una parte importante de la propuesta de Lau es el refuerzo de la supervisión. Menciona un Comité Directivo de PFM, informes semestrales, seguimiento de KPI, auditorías independientes y la participación activa de la Asamblea Nacional como condiciones necesarias. Sin un seguimiento transparente, la implementación gradual puede convertirse rápidamente, según él, en un aplazamiento gradual.
Para la Asamblea Nacional, esto significa que su papel debe ir más allá de la aprobación de la ley. El parlamento también deberá controlar si el gobierno ejecuta la ley, si se cumplen los plazos y si los sistemas funcionan realmente antes de que empiecen a llegar los ingresos del petróleo.
De este modo, el parlamento adquiere un papel central en la salvaguardia de la futura riqueza petrolera. No solo el gobierno, sino también la Asamblea Nacional será evaluada por si ha supervisado a tiempo una gestión financiera responsable.
Plazo estricto en la ley
Lau aboga por establecer explícitamente en la ley que tanto la Ley de Contabilidad de 2024 como el Fondo de Ahorro y Estabilización deben estar operativos a más tardar el 1 de enero de 2028. Además, el gobierno debe estar obligado a establecer un programa de implementación, informar semestralmente a la Asamblea Nacional y permitir el seguimiento y las auditorías independientes.
Ese plazo legal es necesario, según el razonamiento de Lau, para evitar que la ejecución se vaya postergando. No se trata de retrasar las reformas, sino de una ruta en la que los mecanismos de protección más importantes funcionen realmente antes del año del petróleo.
Prueba administrativa para el futuro
El mensaje más amplio de Lau es que Surinam se encuentra en vísperas de un periodo en el que la disciplina financiera será más importante que nunca. Los ingresos del petróleo pueden hacer mucho posible, pero sin reglas e instituciones sólidas, también pueden agravar las debilidades existentes.
Su mensaje final lo resume así: Surinam no será juzgado en última instancia por la cantidad de petróleo que posea el país, sino por la forma en que se gestionen los ingresos, la solidez de las instituciones y si el país tiene la disciplina necesaria para proteger la riqueza nacional de forma sostenible.
Para Key News, esto no es solo un debate parlamentario sobre una ley financiera. Es una prueba temprana de la manera en que Surinam se prepara para el año del petróleo 2028. La pregunta clave no es si llegará el petróleo, sino si el Estado estará listo a tiempo para gestionar esa riqueza de manera responsable.










